Martes 25 de Julio de 2017

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Reseña Histórica

LA MÁS ANTIGUA DE AMÉRICA DEL SUR

A pesar de que los productos derivados del ganado cimarrón que habitaba "las pampas" en el siglo XVIII satisfacían muchas de las necesidades cotidianas de la población y se exportaban en grandes cantidades, no había veterinarios en esa época en la Argentina y los pocos de los que se tiene noticia se encargaban, más que nada, de atender equinos urbanos. Prueba de que la historia de la veterinaria en Argentina está ligada al desarrollo de la industria ganadera es que el desarrollo del manejo racional de la cría y la práctica del sistema de conservación de la carne por el frío (que permitió la exportación de carnes congeladas a Europa) hicieron imperiosa la presencia de veterinarios durante el siglo XIX en Buenos Aires.

Hasta ese entonces, los veterinarios extranjeros eran quienes intentaban resolver los problemas de sanidad del ganado que generaba la llegada al país de reproductores extranjeros sin control sanitario de ninguna especie. Pero importar profesionales implicaba una gran inversión para los estancieros por lo que en 1881 solicitaron a las autoridades bonaerenses que se creara una cátedra de veterinaria para que funcionara dentro de la Escuela Práctica de Agricultura que, desde 1872, ya dictaba clases para jóvenes procedentes del Asilo de Huérfanos en los terrenos conocidos como Santa Catalina, en Lomas de Zamora.

resena1Fue así que la Legislatura de la provincia de Buenos Aires sancionó el 13 de septiembre de 1881 la Ley 1.424, en la que disponía la creación de una Casa de Monta y Escuela de Veterinaria que se establecería junto a la Escuela Práctica de Agricultura de Santa Catalina y a una Comisión presidida por el ilustre abogado y ex ministro de Hacienda de la provincia, Doctor Mariano Demaría, quien además llevó adelante el proyecto. Esta escuela dio origen a la Facultad que, de este modo, fue la primera en su tipo de todo América del Sur.

Sus objetivos fundacionales fueron "relacionar los descubrimientos de la ciencia con las diferentes ramas de la producción animal y vegetal" y "formar hombres que, por sus conocimientos especiales, pudiesen comprender y descubrir las leyes de la naturaleza y aprovechar los progresos de la ciencia para mejorar las razas, su multiplicación y conservación".

La Comisión presidida por Demaría encargó al comerciante Guillermo Arning que buscara en Europa a los profesionales encargados de inaugurar los estudios superiores de agronomía y veterinaria en nuestro país.

En agosto de 1882 el delegado ya había contratado a cinco profesores belgas -el ingeniero civil Camilo Gillet, el ingeniero agrónomo Gustavo André y los veterinarios Carlos Lambert, Carlos Tombeur y Desiderio Bernier- y uno francés -el ingeniero agrónomo Julio Frommel-, que serían los fundadores del Instituto. La Escuela de Agronomía y Veterinaria y Haras de la Provincia de Buenos Aires abrió sus puertas el 6 de agosto de 1883 (día en que se conmemora en nuestro país el inicio de los estudios veterinarios) y posteriormente tomó la denominación de Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina.

resena2A Tombeur se le confió la dirección de la Escuela de Veterinaria en tanto que André fue nombrado Rector del Instituto. Lambert tuvo a su cargo la dirección del Haras. El año de su inauguración, 18 alumnos se inscribieron para rendir el examen de ingreso: 12 de ellos para cursar los estudios de primera categoría que comprendían cuatro años de duración y otorgaban títulos de "Capacidad Agrícola" y de "Capacidad para ejercer el Arte Veterinario" y 6 para realizar una carrera de dos años que concedía un certificado de haber hecho los estudios requeridos para el grado de mayordomo.

De los 12 que querían realizar la carrera de cuatro años, aprobaron 10; mientras que los 6 aspirantes a mayordomo rindieron correctamente. De este modo, 16 alumnos comenzaron sus estudios el 6 de agosto de 1883, fecha de inauguración de las clases, y no 17 como se creyó durante un tiempo.

El error, que consta en una placa del Instituto, proviene de que en el Libro de Matrículas cedieron a las supersticiones y nadie quiso ocupar el lugar número 13. En esa época, las clases duraban desde el primero de marzo hasta fines de noviembre, cuándo comenzaban los exámenes. Las evaluaciones duraban 25 minutos, reloj en mano, y quienes obtenían malas calificaciones reiteradamente eran expulsados.

La división de los cursos en dos categorías duró apenas un año, ya que en 1884 desapareció la carrera corta.

A fines de 1887, 10 estudiantes de agronomía y 3 de veterinaria rindieron sus exámenes generales finales y el 23 de julio de 1888 se presentaron a rendir la primera tesis. Pero el tiempo no alcanzó para cumplir con esos menésteres, por lo que se decidió que quienes aún no habían concluido se presentaran para terminar el 6 de agosto, fecha en la que se entregaron además los primeros diplomas.

En aquel día obtuvieron su título de "Competente en la ciencia veterinaria" los primeros tres veterinarios recibidos en Argentina. El mérito les correspondió al mendocino Custodio Ángel Martínez, el porteño José María Leonardo Agote y el catamarqueño Calisto Ferreyra.

El alto nivel académico de los primeros grupos de egresados hizo que las autoridades provinciales prestaran mayor atención a los estudios que se prestaban en Santa Catalina. Ya no se trataba de una simple institución de enseñanza media, sino que quienes egresaban de allí se encontraban en condiciones de equipararse a los profesionales de grado universitario que se recibían en los países de Europa.

Tomando en cuenta este aspecto el 4 de junio de 1889 entró a consideración del Poder Legislativo provincial un proyecto del Ejecutivo que impulsaba la creación de una Facultad de Agronomía y Veterinaria sobre la base del Instituto Agronómico y Veterinario.

Sin embargo, la provincia atravesaba una crisis financiera que impedía realizar cualquier construcción en Santa Catalina, por lo que se decidió su venta parcial en lotes y el inmediato traslado del Instituto a la ciudad de La Plata, elevándolo a la categoría de Facultad cumpliendo con una ley sancionada el 12 de noviembre de 1889.

Ese mismo año el senador provincial Rafael Hernández -hermano del autor del Martín Fierro, José Hernández, y verdadero fundador de la Universidad provincial de La Plata- había presentado a la legislatura un proyecto por el cual se erigiría una casa de altos estudios en la capital de la provincia. Hacia fines de diciembre de aquél 1889 las dos Cámaras aprobaron la iniciativa.

La Ley fue promulgada por el gobernador Máximo Paz el 2 de enero de 1890 y recién el 8 de febrero de 1897 el gobernador Guillermo Udaondo sancionó un decreto que ordenó la construcción de la Universidad.

El 15 de noviembre de 1902, el ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, Doctor Juan Fernández, y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Doctor Marcelino Ugarte, firmaron un convenio por el que la Provincia le cedía a la Nación, en propiedad y a título gratuito, la Facultad de Agronomía y Veterinaria, el establecimiento de Santa Catalina y el Observatorio Astronómico. El convenio fue aprobado por la legislatura provincial el 23 de diciembre de 1903 y por el Poder Ejecutivo de la Nación el 31 de diciembre de 1904.

Fue así como, en 1905, el Doctor Joaquín Víctor González, concibió la idea de organizar una nueva universidad, de carácter científico y experimental, en la que se desarrollara ampliamente la investigación científica y se impartieran las enseñanzas primaria y secundaria, también de carácter experimental. La iniciativa del entonces responsable de la cartera de Justicia e Instrucción Pública respondía a su preocupación por los problemas de organización universitaria. Abocado a la búsqueda de un lugar para impulsar su proyecto, Joaquín González centró su mirada en la Universidad provincial que funcionaba en La Plata, observando las principales casas de estudio que existían en esa época y que pudieran dar lugar a la institución soñada durante la presidencia de Manuel Quintana. Cabe destacar que el 12 de agosto del mismo año se firmó un convenio ad referéndum entre la Nación y la Provincia para la creación de la Universidad Nacional.

En ese momento, el plan de estudios de la carrera de Veterinaria era de 4 años y comprendía 23 asignaturas y actividades (como ejercicios prácticos de zootecnia y excursiones en el último año). A su vez, la Escuela Práctica también tenía un Plan de Estudios de cuatro años, con 18 asignaturas.

Sin embargo, en 1920, una serie de conflictos provocaron la división de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. El Consejo Superior de la Universidad designó una Comisión que se expidió el 29 de diciembre de ese año, aconsejando constituir a la Facultad de Veterinaria como entidad autónoma a partir del 1º de enero de 1921. Esta medida significaba la separación de la de Agronomía tomando en cuenta la misión híbrida de ambas instituciones, las que persiguen fines completamente diversos.

Por entonces al Plan de Estudios de cuatro años de duración los estudiantes debían añadirle la realización de un trabajo de tesis para finalizar la carrera y obtener el título de Doctor en Medicina Veterinaria. Este plan sufrió algunas modificaciones menores y el que se implementó en 1926 tuvo vigencia hasta el ciclo lectivo de 1950. Al año siguiente, en 1951, se creó la Carrera del Doctorado en Ciencias Veterinarias. Consistió en 5 años de estudio y la aprobación de una tesis doctoral. Ese año, el Honorable Consejo Directivo resolvió el cambio de denominación de la casa, adoptando el de Facultad de Ciencias Veterinarias.

Los Planes de Estudio correspondientes a los años 1881, 1920, 1925 y 1936 han sido relevantes en la historia de la institución. Se dictaban en cuatro años y tenía entre 25 y 27 materias. La diferencia más significativa fue el cambio que produjeron en la denominación del título profesional: los graduados del plan estudios de 1920 se recibían de Doctor en Medicina Veterinaria. En cambio, a partir de 1925, el título habilitante fue de Médico Veterinario.

El Proyecto de Plan de Estudios de la Facultad de Medicina Veterinaria aprobado el 9 de septiembre de 1925, estipulaba: "La enseñanza de la medicina veterinaria deberá ser esencialmente práctica a fin de que los profesionales sean de inmediato útiles en sus especialidades, al país y a sí mismos. Dicha enseñanza descansará sobre una base científica completa, por cuanto no podría concebirse que una Facultad proporcione a sus alumnos como únicas armas los conocimientos del práctico o empírico. El ciclo completo de estudios será de cuatro años y el título que se otorgará será el de Doctor en Medicina Veterinaria".

A partir de 1957 se modificó parcialmente el plan de estudios de 1925, se introdujeron nuevas asignaturas y se cambió el nombre de Facultad de Medicina Veterinaria por el actual de Facultad de Ciencias Veterinarias.

Como hemos visto, entre 1951 y 1963 inclusive, la Facultad de Ciencias Veterinarias establecía que el título de grado que se otorgaba a los egresados de la carrera era el de Doctor en Ciencias Veterinarias. A partir de 1963 esta situación se modificó y se comenzó a otorgar dos títulos:

     Para los estudios de grado, el de Médico Veterinario, al finalizar la carrera y una vez rendidas y aprobadas todas las asignaturas exigidas en el plan de estudios.

     Para el posgrado, el de Doctor en Ciencias Veterinarias, a todo aquel egresado que aprobara un trabajo de tesis.

El primer Médico Veterinario en obtener su título de Doctor en Ciencias Veterinarias con esta modalidad (rindiendo una tesis frente a cinco jurados) fue Moisés Capera Lozano, el 15 de noviembre de 1966.

A partir de 2006 la Facultad puso en marcha un nuevo plan de estudios para la Carrera de Ciencias Veterinarias, el que actualmente se encuentra vigente.

A lo largo de su historia la Facultad ha logrado ser acreditada por la Unión Europea, el Mercosur y lleva adelante un convenio de cooperación técnica con la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA).

Para conocer más sobre la historia de nuestra institución, recomendamos consultar el libro "Los origenes de los Estudios Superiores de Veterinaria en la Argentina. Santa Catalina", de Julio Ottino