Lunes 23 de Noviembre de 2020

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Antecedentes de la Carrera de Medicina Veterinaria

Las demandas del comercio mundial desde mediados del siglo XIX indujeron una mejora de los planteles criollos, especialmente los ovinos y bovinos. La constante importación de reproductores y el mestizaje progresivo de los ganados incrementó el valor de los rodeos. Al mismo tiempo, por carecer de adecuados controles sanitarios, ingresaron al país numerosas enfermedades. Fue entonces evidente que las necesidades de nuestra ganadería requerían la formación de profesionales con conocimientos científicos.

Por ello, prominentes estancieros y la recién fundada Sociedad Rural levantaron sus voces para que se iniciaran estudios de Veterinaria en el territorio. Como consecuencia, el 13 de septiembre de 1881, la Legislatura de la provincia de Buenos Aires sancionó la ley 1.424 que autorizaba al Poder Ejecutivo a fundar una Casa de Monta y una Escuela de Veterinaria en la hasta entonces llamada Escuela Práctica de Agricultura, que funcionaba en la estancia conocida como Santa Catalina, en la localidad de Lomas de Zamora. Esa Escuela dio origen a nuestra Facultad y fue la primera que se creó en América del Sur.

Sus objetivos fundacionales fueron: 

     “Relacionar los descubrimientos de la ciencia con las diferentes ramas de la producción animal y vegetal”. 

     “Formar hombres que por sus conocimientos especiales pudiesen comprender y descubrir las leyes de la naturaleza y aprovechar los progresos de la ciencia para mejorar las razas, su multiplicación y conservación”.

Con esas premisas, el 6 de agosto de 1.883 se abrieron las puertas de la Escuela de Agronomía y Veterinaria y Haras de la Provincia de Buenos Aires, llamada posteriormente Instituto Agronómico Veterinario de Santa Catalina.

Las clases se iniciaron con la concurrencia de 16 alumnos, de los que solo 3 cursaban Veterinaria. El plantel docente estaba integrado por cinco profesores belgas y un profesor francés. El perfil de las asignaturas que integraban los primeros planes de estudio daba prioridad a la formación en el área de la “producción vacuna” siendo evidente la influencia de la escuela europea, principalmente francesa.

Ya en 1.887 finalizaron sus estudios los tres primeros Doctores en Medicina Veterinaria formados en el país. El impulso dado por los primeros grupos de egresados hizo que se gestionara la elevación de categoría del Instituto, por lo que el 12 de noviembre de 1.889 se promulgó la Ley que dispuso la creación de la Facultad de Agronomía y Veterinaria. Al mismo tiempo se determinó su traslado a la ciudad de La Plata.

El 15 de noviembre de 1.902 se firmó el convenio por el cual la Provincia de Buenos Aires cedía a la Nación, en propiedad y a título gratuito, la Facultad de Agronomía y Veterinaria, junto con el establecimiento de Santa Catalina y el Observatorio Astronómico. El convenio fue aprobado por Ley provincial del 26 de diciembre de 1.903. El 31 de diciembre de 1.904 el Presidente de la Nación dispuso que el Ministerio de Educación de la Nación procediera a tomar posesión del establecimiento a partir del 1º de enero de 1.905.

En la memoria enviada el 12 de febrero de 1.905 por el Doctor Joaquín Víctor González al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Doctor Marcelino Ugarte, se incluyó a la Facultad de Agronomía y Veterinaria, a la Escuela Práctica de Santa Catalina, al Museo y al Observatorio Astronómico en el proyecto de fundación de la Universidad Nacional de La Plata. Estas Instituciones se agregaban a las preexistentes de la Universidad Provincial. En ese momento, el Plan de Estudios de Veterinaria era de cuatro años y comprendía 23 asignaturas o actividades (como ejercicios prácticos de zootecnia y excursiones en el último año). A su vez, la Escuela Práctica también tenía un Plan de Estudios de cuatro años, con 18 asignaturas.

A raíz de una serie de conflictos suscitados en el año 1.920, el Consejo Superior designó una Comisión que se expidió el 29 de diciembre de ese año, aconsejando constituir, a partir del 1º de enero de 1.921, a la Facultad de Veterinaria como entidad autónoma, separada de la de Agronomía [1]. Al fundamentar el dictamen de la Comisión, el Doctor Alejandro Korn manifestó: “La comisión proyecta la separación de la Facultad de Veterinaria de la de Agronomía, porque ha considerado que un gran número de las dificultades provienen de la misión híbrida de estas dos instituciones que persiguen fines completamente diversos. Es tradicional la reclamación de los veterinarios cuando la Facultad está gobernada por los agrónomos y viceversa, y lo curioso es que en las dos ramas no hay una sola materia que les sea común. Por todo ello, hemos conceptuado que lo más conveniente es separarlas para concretar la acción de las autoridades a un dominio, más restringido, mejor delimitado. El deseo de separarlas en dos Facultades está en el espíritu de todos los que se ocupan del asunto, lo piden los profesores y los estudiantes y en la Universidad de Buenos Aires se abriga el mismo propósito. Consecuencia de esta medida sería la provisión de gobierno así como la organización de la secretaría” [2].

Para esa fecha, el Plan de Estudios era de cuatro años y con un trabajo de tesis los estudiantes obtenían el título de Doctor en Medicina Veterinaria. Ese Plan sufrió algunas modificaciones menores y el que se implementó en 1.926 tuvo vigencia hasta el ciclo lectivo de 1.950.

En 1.951 se creó la Carrera del Doctorado en Ciencias Veterinarias con 5 años de estudios y la aprobación de una tesis doctoral. En ese mismo año, el Honorable Consejo Directivo resolvió el cambio de denominación de la casa, adoptando el de Facultad de Ciencias Veterinarias.

Los Planes de Estudio correspondientes a los años 1.881; 1.920; 1.925; y 1936 han sido significativos en la historia de la institución. Se dictaban en cuatro años, ofreciendo entre 25 y 27 materias. La diferencia más significativa fue el cambio producido en el título profesional: el graduado del plan 1.920 se recibía de Doctor en Medicina Veterinaria. En cambio, a partir de 1.925 el título habilitante fue el de Médico Veterinario.

El Proyecto de Plan de Estudios de la Facultad de Medicina Veterinaria, aprobado el 9 de septiembre de 1.925, estipulaba:

1. “Que la enseñanza de la medicina veterinaria deberá ser esencialmente práctica a fin de que los profesionales sean de inmediato útiles en sus especialidades, al país y a sí mismos;

2. Que dicha enseñanza descansará sobre una base científica completa por cuanto no podría concebirse que una Facultad proporcione a sus alumnos como únicas armas los conocimientos del práctico o empírico;

3. Que el ciclo completo de estudios será de cuatro años y el título que se otorgará será el de Doctor en Medicina Veterinaria.

Sentadas estas proporciones fundamentales, como era lógico suponer, la enseñanza metódica y paulatina de todas las asignaturas correspondientes al Plan de Estudios, no dejaría de ofrecer escollos. Pero hecho un examen de conjunto de todos los programas, dando a cada uno de ellos la extensión y orientación adecuadas y suprimidas las repeticiones inútiles.

Considerando, por otra parte, que nuestro país es eminentemente ganadero, demanda tecnologías que resuelvan los graves problemas que atañen a una de las fuentes de riqueza de la economía nacional, y que además la salud pública urge de especialistas amplios y con sólidos conocimientos (no sólo en lo que se refiere a la higiene general sino con particularidades en lo que se refiere a la bromatología), se resuelve mantenerlo ampliándolo a las tres orientaciones siguientes:

     CLÍNICA: Que en el presente plan de estudios se dé al estudiante de Ciencias Veterinarias no solamente la preparación que se refiere a la clínica de los equinos y pequeñas especies domésticas, sino que se amplíen y extiendan los conocimientos a las especies bovina, ovina y porcina que constituyen pilares fundamentales de nuestra riqueza pecuaria;

     EPIZOOTIOLOGÍA Y SALUD PÚBLICA: dentro de esta especialidad se prepararán los Médicos Veterinarios Bacteriólogos, y los Médicos Veterinarios Bromatológos. Considerando las asignaturas que atañen a estas especialidades, se comprenderá que las bases científicas y los conocimientos prácticos que se proporcionan, son completos.

     PRODUCCION ANIMAL Y ZOOTECNIAS: la explotación ganadera ha colocado a la República Argentina entre los países de criadores que marchan a la vanguardia en la producción de carne y leche y necesita ya, un número importante de especialistas de sólidos conocimientos, que apliquen provechosamente las enseñanzas de la zootecnia y faciliten la solución de los problemas productivos y económicos, ya sea coyunturales o de largo plazo.”

A partir de 1.957 se efectuaron algunas modificaciones al Plan de Estudios de 1.925: se introdujeron nuevas asignaturas y se cambió el nombre anterior de Facultad de Medicina Veterinaria por el actual de Facultad de Ciencias Veterinarias.

En 1.964 se estableció que los alumnos que cursaban Quinto Año de dicho ciclo lectivo, al rendir y aprobar todas las materias, obtenían el diploma de Médico Veterinario y con el trabajo de tesis se obtenía él titulo de Doctor en Ciencias Veterinarias.

En 1.968, se modificó la designación de algunas de las Cátedras de Cuarto y Quinto Año (disciplinas tecnológicas) y entre 1.957 y 1.968 se actualizaron los contenidos. Sólo a partir de 1.968 se trabajó sobre la base de los programas analíticos de algunas Cátedras para actualizar sus contenidos.

En 1.977 existían tres asignaturas relacionadas con el control de productos alimenticios: Inspección de Carne y Derivados; Inspección de Leche y Derivados; e Inspección de Productos Alimenticios de Origen Animal. Posteriormente se fusionaron en una sola asignatura de Quinto Año denominada Tecnología y Sanidad de los Alimentos.

Por otra parte, en 1.980 se creó una materia que se denominó Patología de Aves y Pilíferos, la que se dictaba en Cuarto Año.

Con la vigencia de la Ordenanza 205, se estableció que a partir del ciclo lectivo de 1.991 la carrera de Doctorado en Ciencias Veterinarias podía ser realizada no solo por Médicos Veterinarios egresados de esta casa de altos estudios, sino también de otras Universidades del país.

En el año 1.992 se solicitó a la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (F.L.A.C.S.O.), el asesoramiento para la elaboración de un nuevo Plan de Estudios de la carrera. Entre 1.992 y 1.993 se llevó adelante la etapa diagnóstica. Luego, entre abril de 1.994 y junio de 1.995 se desarrollaron talleres y actividades que tenían por objeto el diseño de un nuevo Plan de Estudios. De esta etapa surgieron varias propuestas y posteriormente la Comisión hizo una serie de sugerencias para la posible implementación.

Una vez presentado el informe final de la Comisión, el mismo fue elevado al Honorable Consejo Académico, el que solicitó la opinión por escrito de todas las Cátedras de la Facultad.  Las sugerencias presentadas  enriquecieron la propuesta e imprimieron una nueva dinámica que fue retomada por la Comisión Permanente de Reforma del Plan de Estudios aprobada por el Honorable Consejo Académico. Esta Comisión empezó su trabajo el 27 de agosto de 1.998 y su objetivo fue producir una modificación en el Plan de Estudios de la carrera de acuerdo a las necesidades y demandas actuales del Veterinario, sin desconocer los nuevos espacios de inserción profesional.

Así, en el año 2.003 el Honorable Consejo Académico aprobó una modificación al Plan de Estudios presentada por la Comisión Permanente de Reforma del Plan de Estudios, la cual fue aprobada posteriormente por el Consejo Superior de la Universidad. Dicha reforma comenzó a implementarse en el año 2.006, siendo acreditada por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria en el año 2.008.

Desde la puesta en marcha del Plan de Estudios en 2.006, se han detectado algunas deficiencias en su implementación, lo que motivó la realización de algunas modificaciones durante su ejecución, las que derivan en el Plan 406/14.


[1] Los datos históricos mencionados se tomaron en gran parte de Historia de la Universidad de La Plata de Julio R. Castiñeiras. Edición facsimilar de la UNLP de 1985, 2 tomos.

[2] Ibid. Tomo II, pags. 115-116.